Era una cuerda, que vibraba
Era una gota que caía
Era un ave que volaba
Era un alma que sentía
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Pálida tez, sangre ardiente,
Y el cabello tan opiáceo,
Y la sonrisa tan hiriente
Y la anestesia en el espacio
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Era un ciego sin bastón,
Era un lobo impaciente,
Era la encarnada tentación,
Que resultó más bien serpiente.
¡Me encantó la lírica de este triángulo!
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