Caía la lluvia y
levantaba polvaredas, ardía en las heridas de la tierra que no habían tenido
tiempo de sanar.
El polvo se confundía
con el vapor ¡había estado el suelo tan caliente! El agua hervía antes de
llegar a él; la gente daba saltos para refrescarse. Luego de un tiempo el calor
se había suavizado, las brisas de fresco que no habían podido vencer la muralla
de denso vapor hacía unos días ahora giraban y revoloteaban entre la multitud.
Lo vivo agonizaba de placer, lo inerte vivía...