Sunday, April 22, 2012

De sonrisas y otras cosas que se escapan


La cosa fue así: tu sonreias, yo sonreia, no habia más de medio metro entre nosotros, luego las sonrisas se convirtieron en agua y se escurrieron entre nuestras manos.
Continuamos el camino, pero en direcciones contrarias. La consigna era dejar, lo más lejos posible, aquella línea que ninguno quiso atravesar.

Cada noche, al instante en que se apagan las luces, me llega ese recuerdo de manera inevitable. Y vuelvo a sentir como se deshacía mi sonrisa, vuelvo a ver deshaciéndose la tuya; vuelvo a tener la sensación de cuando alcé mis manos y aquel líquido sonriente se escapaba y caía al suelo.
Entonces me da un escalofrío. Me acuerdo de ti, arrodillado, con la mirada impávida y perdida, como queriendo seguir las sonrisas en su ruta subterránea. No se me olvida cómo te busqué. Quedó un holograma de ti, la pose congelada en tu desesperación. Mi mano en tu cabeza, pero sin tocar nada, mi mano en tu hombro, en tu espalda, en tu barbilla, en tu pierna… no había nada.

Y cada noche al apagar la luz es igual. Otra vez te sonrío, otra vez pierdo una sonrisa, otra vez como que te busco, aunque ya no quiera tanto encontrarte, otra vez doy la media vuelta, otra vez me voy.

Friday, April 6, 2012

El lado oscuro de la mujer que lee o Don’t date a girl who reads. (Anti version de “Date a girl who reads” de Rosemarie Urquico)

Hoy en día se publican cantidades asombrosas de libros, es fácil para alguien que empieza a rasgar los rincones del intelecto dejarse llevar por títulos que prometen resolver tu vida ó que la reducen a una fábula cursi que cualquier niña quinceañera podría escribir. Por eso, si tú eres un joven promedio que quiere entrar al mundo de los libros y quieres codearte con gente “intelectual” te recomiendo que leas esto, y luego rectifiques tu decisión.

La mujer que lee prefiere comprar libros antes que ropa, por lo que en su clóset sólo tendrá 2 o 3 pares de jeans, y blusas que no pasan de $200. Si piensas mudarte con ella, piénsalo dos veces porque ella no está dispuesta a regalar ni prestar sus libros.
Siempre tendrá de 3 a 5 libros en su cómoda junto a su cama. No los va a mover, aunque no los lea.
No salgas con una mujer que lee, menos si piensas ligártela con algo como “las rosas son rojas” te pendejeará discretamente cada que pueda y tu ni cuenta te vas a dar, lo cual le causará más placer y lo hará más seguido aún.
No salgas con una mujer que lee, 9 de cada 10 de sus frases son sarcásticas. Prefiere los chistes irónicos a los colorados, entiende el humor negro, se burla de la desgracia ajena y propia. Sabe que el mundo es un circo y lo trata como tal, así que no esperes que se preocupe cuando salgas con tus amig@s, ni esperes que te llame cada 5 minutos, y si terminas con ella y la ves despreocupada con alguien más a los pocos días, no te sorprendas.
Una mujer que lee no seguirá tus discusiones, te hará creer que ganaste. O tal vez, cuando esté aburrida (cosa rara) provocará una discusión y luego de las mil te hará creer que ganaste. La cosa es que ella siempre tendrá el poder.
La mujer que lee te dará el avión incontables veces, por lo general en su mente hay cosas más importantes, no es nada personal.
No salgas con una mujer que lee, porque odia bailar. Con ella no vas a ser la estrella de ningún antro, ni se sabe las canciones de moda, ni le interesa.
La mujer que lee nunca se arrepiente de su crueldad, así que si después de una pelea esperas que te llame para reconciliarte, lamento decirte que tu espera es en vano.

Así es amigo, la mujer que lee se preocupa más por un libro que por ti. ¿Increíble, no? Por lo tanto, mejor no salgas con una mujer que lee… y mucho menos, con una mujer que escribe.